
Inicialmente la orientación sexual no se asociaba con los trastornos de la conducta alimentaria. Sin embargo, en los últimos años se ha empezado a tener en cuenta.
La discriminación, el acoso, la violencia y el rechazo a los que están sometidos las personas LGTBIQ+ desde la infancia o adolescencia generan ansiedad y depresión lo que puede derivar en malas conductas alimentarias y posteriormente en un TCA.
En el caso de los hombres la homosexualidad y bisexualidad actúan como factores de riesgo en el desarrollo de los TCA. Sin embargo, en el caso de las mujeres pueden actuar como factores protectores. Esto se debe a que los hombres, independientemente de su orientación sexual, dan más importancia al físico a la hora de elegir a sus parejas. De esta forma los hombres homosexuales, así como las mujeres heterosexuales, tienen mayor tendencia a preocuparse por su físico y desarrollar trastornos alimentarios. Las mujeres homosexuales no tienen esta presión y, por lo general, no tienen tan en cuenta los estándares de belleza de la sociedad de modo que son menos vulnerables en cuanto al desarrollo de TCA se refiere.
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