Los trastornos de la conducta alimentaria son problemas mentales por lo que la base de su tratamiento es psicológica o psiquiátrica. Al ser enfermedades que afectan a la alimentación, es fundamental recibir también un tratamiento dietético y nutricional.
El trabajo del nutricionista no se limita a dar indicar qué, cómo y cuánto comer, sino que se trata de recorrer con sus pacientes el proceso de reaprendizaje de conductas alimentarias adecuadas que ha ido perdiendo con la enfermedad o que no ha llegado a aprender durante su infancia.
La educación o reeducación nutricional es clave en el proceso de recuperación de los TCA ya que los pacientes con este tipo de trastornos suelen tener hábitos alimentarios o patrones de alimentación inadecuados que se deben normalizar. La educación nutricional tiene que ser individualizada y debe respetar los factores culturales o sociales. Sus objetivos principales son desarrollar unos hábitos y un estilo de vida saludables y alcanzar un estado nutricional adecuado para la persona, ayudando así a vencer su TCA.

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