La nutricionista Gabriela Cucalón afirma que hay la percepción de que los flacos comen mucho sin engordar porque tienen un metabolismo acelerado, pero no es necesariamente así, ya que todo depende de diversos factores.
“Puede ser que a los 20 años coma todo lo que quiera sin engordar, no me afecte nada durante 30 o 40 años, pero más adelante si sea un problema, o en otros el riesgo de obesidad puede empezar antes, entonces es percepción pensar que es culpa del metabolismo realmente”, explica la especialista.Hay que considerar muchos factores sin generalizar. Las percepciones erróneas pueden dificultar tener un peso adecuado. Una de ellas es que está bien comer menos y que está mal comer más respecto a los demás.
“No es normal comer menos, ni tampoco comer más es malo. Cada persona tiene una necesidad individualizada según el peso, la edad o la altura”, afirma Cucalón.
Si bien hay un componente genético fuerte que influye en mantener delgada a una persona, también hay personas que comiendo poco tienen la tendencia a tener más grasa corporal con un peso que está por encima del límite superior.
“Hay un componente genético entre el 60% y el 70% que influencia esta condición (de ser flaco o gordo)”, dice Mónica Villar, coordinadora de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). “Hay personas que comen en sus horas y ya no sienten hambre y otras sienten esa necesidad de comer todo el día, ese componente genético es fuerte, pero también hay factores ambientales”Estudios indican que las personas que comen mucho y no engordan tienen un metalismo basal más alto, esto último entendido como el proceso del organismo mediante el cual los alimentos se transforman en energía necesaria para el óptimo funcionamiento de las necesidades vitales.
“Esto puede ser por posición corporal, porque tienen más músculo que tiende a tener un gasto más alto, la edad de la persona e incluso el lugar donde vive, el clima baja el metabolismo basal, no todos tenemos el mismo. Los que tienen el metabolismo más acelerado pues comen y lo consumen más rápido, por lo que no engordan”, indica Villar.
La composición de la microbiota, que son los billones de bacterias, virus y hongos que habitan en el aparato digestivo (intestinos), también influye en mantenerse delgado. Esta, dice Villar, tiene un fuerte componente genético, pero sí influye un factor ambiental.
La alimentación de la embarazada, si el bebe nació en parto normal o cesárea o si ingirió la leche materna pues condiciona la microbiota del recién nacido.
Un estudio de la Universidad de Ruan (Francia) determinó que a los 20 minutos de alimentarse, estas bacterias de la microbiota creaban otro millón de individuos y segregaban unas proteínas que activaban en el cerebro las hormonas de la saciedad y neuronas asociadas a la reducción del apetito.
Aunque hay factores genéticos y de condiciones al nacer, la composición de la microbiota sí puede cambiar con la dieta
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