martes, 16 de abril de 2024

COMIENDO EMOCIONES

 A comer emocionalmente hemos aprendido desde nuestra más tierna infancia, de pequeños nos premiaban nuestras conductas con golosinas o nos castigaban sin postre si nos portábamos mal. De adultos, celebramos nuestras alegrías con comida: bodas, cumpleaños, promociones laborales, reuniones familiares entorno a una mesa, encuentros con los amigos a cenar.

La comida ya no tiene solamente un significado fisiológico sino emocional y cobra un papel protagonista cuando nos sentimos bien. Asociamos la comida con emociones positivas y esta asociación permanece en el tiempo.


  



Gracias a este proceso asociativo labrado a lo largo de toda nuestra vida, cuando nos sentimos mal, frustrados, tristes, enfadados, preocupados... recurrimos a la comida en un intento de recuperar las sensaciones positivas a las que hemos ido asociando a la comida. Elegimos alimentos que en nuestra vida asociamos a algo placentero, de esta manera consumir ese alimento nos retrotrae a la emoción agradable asociada.

Por otro lado, algunos alimentos por su propia naturaleza hacen que nos sintamos mejor cuando los comemos, por ejemplo el chocolate contiene moléculas que repercuten directamente en el estado de ánimo haciendo que mejore, esto también crea una asociación entre estado de ánimo y alimentación.

Otra de las razones por las que aprendemos a comer emocionalmente, es que cuando comemos nos centramos en ese proceso, y por tanto, todos los demás problemas se quedan en un segundo plano tomando distancia de ellos, aunque comer no ayudará a que el problema desaparezca, hace que la tensión emocional se disipe.

https://www.psicoglobal.com/blog/comer-emocional

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